​¿Bajan los homicidios en Guayaquil? Las cifras que contradicen el discurso oficial

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Tras las recientes declaraciones del Ejecutivo sobre una reducción del 26% en muertes violentas en el Puerto Principal, un análisis técnico revela que la tendencia de fondo sigue siendo ascendente y supera los registros de años anteriores.

​Datos bajo la lupa:

El vacío de pruebas​El pasado 20 de febrero de 2026, el presidente Daniel Noboa aseguró que las muertes violentas en Guayaquil cayeron un 26% tras la prisión preventiva del alcalde Aquiles Álvarez el 11 de febrero.

Sin embargo, esta afirmación choca con una realidad estadística compleja: los datos oficiales del Ministerio del Interior solo están actualizados hasta el 31 de enero de 2026, lo que hace imposible verificar la caída de los últimos nueve días con fuentes estatales abiertas.

Lo que sí es verificable es la alarmante tendencia histórica. Entre enero de 2024 y enero de 2026, Guayaquil ha contabilizado 4,716 homicidios. El crecimiento es innegable: de 136 casos mensuales en enero de 2024 se saltó a un pico de 319 en mayo de 2025. Aunque enero de 2026 cerró con 204 casos, esta cifra sigue siendo un 50% más alta que cuando se declaró el conflicto armado interno, desmintiendo una pacificación real de la zona.

Ambigüedad y estacionalidad criminal

​El análisis cuestiona la base de comparación del Gobierno. Si la supuesta reducción del 26% se mide respecto a enero, el Ejecutivo estaría ignorando la “estacionalidad”: históricamente, febrero siempre muestra una baja frente a enero (como ocurrió en 2024 y 2025) sin que esto represente un éxito en las políticas de seguridad.

Además, el uso de armas de fuego en crímenes ha escalado hasta representar el 96.6% de los casos, desplazando casi totalmente a otras armas.

Sacar conclusiones sobre un período de apenas nueve días es, técnicamente, un ejercicio prematuro.

Sin datos desagregados por edad o comparativas interanuales precisas, la reducción celebrada por el oficialismo carece de sustento empírico.

En Guayaquil, más que festejos por cifras temporales, la ciudadanía demanda explicaciones sobre una violencia estructural que no cede.


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